Yo no haré boicot
Curiosamente, escribo este post desde Barcelona. En los últimos tres días me han llegado presentaciones en powerpoint y pdfs con llamadas al boicot de productos catalanes para hacer llegar el mensaje a los políticos responsables del estatuto, ese engendro políticamente tan rentable que a la mayoría de los catalanes les importa un pimiento y que está poniendo patas arriba el panorama político español. Yo lo siento, pero me planto aquí. No haré boicot. Ni volveré a hablar del estatuto. Los mensajes a los políticos hay que darlos cada cuatro años, y si no nos gusta el rumbo que han tomado las cosas en el tema territorial hay que demostrarlo no votando a los partidos que han promovido esta inmensa payasada. Punto. Me consta que la clase empresarial catalana ya está en contra de esto, por mucho que no rompan esa inaudita unanimidad pública que se vive en Cataluña y reduce la sinceridad a los cenáculos. Los boicots son para situaciones extremas y para dar mensajes a grandes colectivos. Creo que el único colectivo que merece mensajes de este tipo es el de políticos oportunistas. Y ese boicot se hace en las urnas.



Curiosamente, yo escribo desde un lugar que no resigna a formar parte “del paisos catalans”… Estoy completamente de acuerdo contigo en que a los políticos hay que pasarles las facturas al cobro cuando llegan las elecciones, pero mi concepto de la democracia no se circunscribe a meter una papeleta en una urna cada 4 años. Comparto también contigo en que esto es lo que hay porque el pueblo catalán ha votado lo que ha votado, y punto. Pero también soy una persona informada, que conoce cuales son las prioridades de los ciudadanos catalanes y españoles, y estoy convencido que L’Estatut, no es una necesidad para nadie más que para la clase dirigente catalana, necesitada en su conjunto, por otra parte, de mantener la ensimismación de la opinión pública en determinadas cuestiones que, solo sirven para desviar la atención de un palmaria realidad…: la nula talla intelectual, de principios y de interés por los ciudadasnos de una “casta política” que solo aspira a perpetuarse en el poder. Finalmente, solo decir que lo expuesto puede ser de perfecta aplicación para el resto de la clase política española y europea en general, motivo que es origen, a mi entender, de la progresiva decadencia de la “vieja” Europa.