Un dilema ético
Javier Muñoz de iAbogado nos plantea un dilema ético llegado a su servicio de asesoramiento jurídico. Una persona que quiere suicidarse y necesita ayuda para dejarlo todo “atado y bien atado”, pero exige que no avisen a nadie de su propósito. ¿Qué debe hacer?
Yo voy a darle mi particular opinión al respecto. Y vaya por delante que en estos temas no hay verdades absolutas ni decisiones correctas. No conozco la forma y manera en que este cliente ha hecho llegar la consulta, pero a primera vista me parece un grito de ayuda. Porque, ¿qué necesidad tiene este señor de decir que se va a suicidar? ¿No es una información prescindible? Por mucho que lo niegue esta persona quiere llamar la atención. Yo incluso dudaría de su propósito de suicidio.
Pero al margen de esto está la cuestión moral. Tomar el caso o no. Avisar a familiares o policía o no hacerlo. Violar el secreto profesional o no. Si no recuerdo mal el suicidio no es un delito en el ordenamiento español (creo que sí lo es en otros ordenamientos, o al menos la tentativa), pero en este caso lo preocupante es la omisión en la que incurriría iAbogado, más que el propio suicidio, que siempre es una decisión individual. Rechazar el caso por razones éticas es algo indudable. Y olvidarse de todo lo demás es lo más sencillo. Pero yo no lo creo. El secreto profesional, y creo que cualquier juez así lo consideraría, está pensado para garantizar al cliente un derecho mediante el cual se sienta amparado a la hora de revelar secretos, pero no para dar cobertura al delito o a cuestiones con un componente ético tan complejo como el de este caso u otros similares. Tal vez el abogado que no revela que su cliente va a asesinar a una persona o cometer un terrible delito esté actuando legalmente de forma correcta, pero la frontera entre la ley y la ética ha sido siempre motivo de discusión, y yo en casos como este me decantaría por la ética. Y avisaría de las intenciones de esta persona con todas las consecuencias. Pero yo no soy abogado ejerciente, y desde este lado de la barrera es muy fácil opinar.



Eduardo, muchas gracias por tus observaciones. De momento hemos decidido rechazar el asunto, devolver los honorarios al cliente y seguir manteniendo cierto contacto con él, si nos deja, para ‘tantear’ sus intenciones y actuar cuando tengan más visos de materializarse. Una solución media que no sé si servirá…