Iba a escribir algo sobre los pobrecitos fumadores, que a partir del 1 de enero van a dejar de amargarme la existencia con sus humos y están que trinan por no poder ejercer su noble derecho a matarme a mi lado en un espacio cerrado. Pero se me ha adelantado Jaime. Y lo ha bordado, como de costumbre:
“ECCDBP: Ya está, ya me lo he acabado. Joder, ni fumar tranquilo se puede ya. Qué maleducado eres, qué intransigente, y no me pongas los ojos rojos para hacerte la víctima, coño ya, media nena, a mí me dices las cosas claras, como los hombres, a la cara. Porque si te molesta el cigarrillo, yo no tengo problemas, lo apago y ya está, tan amigos, pero no me vengas con tosecitas e indirectas.
J: ¿Pero qué haces encendiendo otro?
ECCDBP: Ah, éste también te molesta, ¿no? Esto es lo que tú entiendes por respeto y libertad, ¿no?
J: (…)
ECCDBP: Es que no comprenden que es una necesidad. Los muy hijos de puta. Habrá que hacer caso a las voces y matarlos a todos. Comunistas de mierda.”



