Hace poco fui a visitar una casa que mi padre había comprado años ha en Fuenteálamo, en las afueras de Cartagena, una urbanización en medio de uno de esos controvertidos campos de golf murcianos que aparentemente son tan elitistas, clasistas y perniciosos para un país basado en el turismo como es el nuestro. La urbanización estaba recién construida y me llamo poderosamente la atención el hecho de que la promotora de la urbanización fuera Caixa Cataluña, dato curioso teniendo en cuenta que fue un gobierno catalán (el del tripartito) el que forzó la retirada del trasvase del Ebro llevada a cabo por el actual gobierno. Uno de los argumentos que más oigo en Cataluña sobre este tema es el de los campos de Golf, para defender la retirada del trasvase. El agua que se usa en los campos de Golf es reciclada, pero aparentemente queríamos robar el agua del Ebro (un recurso común, no privativo de unos pocos) para regar nuestros campos de Golf, porque todos sabemos que los murcianos somos ricos y jugamos al golf con una mano mientras con la otra contamos los billetes. La cosa tiene su gracia y su punto de ironía, si no fuera porque el futuro de Murcia depende, en buena parte, de saber reconvertir la economía agrícola -que muere lentamente- a otra de servicios. Curiosamente, un campo de golf requiere la misma agua que un regadío (y, como ya he dicho, reciclada), pero en lugar de dar trabajo a unos pocos malpagados durante dos o tres meses al año da trabajo a unas 150 personas durante todo el año. No me extraña que Caixa Cataluña se apunte al negocio, obviamente no son gilipollas.
Cuento todo esto porque Antonio F. Marín, de segundo apellido Sentidocomún, cuenta en su blog, con infinita claridad, cómo otra urbanización de Caixa Cataluña quiere modificar la ubicación del aeropuerto de Murcia para proteger sus intereses urbanísticos en la zona del ruido del aeropuerto. A dios rogando y con el mazo dando. Y los murcianos, cornudos y apaleados. Así comienza el artículo de Antonio, que como de costumbre se expresa infinitamente mejor que yo:
“La estación de tren de Archena (Murcia), y su balneario, se encuentra a más de 10 kilómetros de la localidad porque la señora propietaria de las tierras por las que se había proyectado la línea férrea, se negó en redondo a que la vía pasara por sus tierras y echó mano de sus amiguetes que eran gobernadores, ministros, caciques y demás tropa oligarca, para conseguir, como logró, que el ferrocarril se desviara hasta los lindes con sus tierras y que la estación quedara a 10 kilómetros de la ciudad. Aquella cacicada de hace siglos ha provocado que varias generaciones de vecinos de Archena tengan que echar mano de coches, autobuses y taxis para acudir a su estación de ferrocarril que tienen ubicada a diez kilómetros. Además de echar merienda para el viaje.
Afortunadamente creíamos que estas cacicadas ya habían pasado con la modernidad y la democracia, pero ahora resulta que el aeropuerto de Murcia va a modificar su diseño porque a una urbanización que está construyendo la Caixa de Cataluña ubicada a 5 kilómetros del futuro aeródromo, le molesta el lejano ruido de los aviones.”



