¿La hora del pánico? No.
Y la bolsa hizo crack. Esta semana se han perdido miles de millones de euros a pesar de las drásticas medidas de los gobiernos occidentales, la bajada de tipos y otros muchos gestos para calmar los aterrorizados mercados. ¿Es la hora de que cunda el pánico? No. Es cierto que esta crisis está superando todas las expectativas pesimistas de quienes temíamos una recesión, pero retomando el comentario del otro día, estamos hablando de dos crisis, y la financiera no tiene un efecto directo (sí indirecto) sobre la de la economía real. Este artículo del New York Times es una interesante lectura, ya que asegura que los pilares de la economía americana siguen siendo fuertes, y que las crisis financieras no tienen por qué tener un efecto directo sobre la economía real, como se puede comprobar si recordamos el crack de 1987. La argumentación puede tener sus fisuras, pero en general tiene razón en casi todo, ya que la economía de hoy poco tiene que ver con la de los años 20, por ejemplo, y la economía real tiene una inercia que resulta difícil frenar, incluso sin la liquidez que los bancos pueden aportar al sistema. Desgraciadamente, en España la situación no es igual. En Estados Unidos el paro es 6,1 por ciento, en España acabaremos el año con el doble. En nuestro país el peso del sector de la construcción sobre el PIB duplica o triplica -dependiendo del estudio que leas- el de los Estados Unidos, y la construcción se ha ido literalmente a freir espárragos. Las hipotecas variables en España son un 98% (todos sufrimos el euribor) frente a un 48% de Estados Unidos, lo que explica el brutal frenazo del consumo en nuestro país. Es decir, que lo que argumenta el artículo del New York Times no se aplica a nuestro país, aunque sí algunos de sus argumentos. Curiosamente, nada de esto explica las salvajes caídas en bolsa del Ibex de esta semana, porque atendiendo a los resultados empresariales la realidad es que a día de hoy, si nos abstraemos del pánico provocado por la crisis financiera, la bolsa está barata, y hay auténticos chollos, rentabilidades por dividendo descomunales, y probablemente oportunidades que no se ven a menudo. Para invertir hoy, eso sí, hace falta mucha sangre fría. Pero no perdamos los nervios, de peores hemos salido.


