No he escrito mucho sobre la Ley Sinde (o sobre casi nada últimamente), pero uno de los pocos artículos que escribí el año pasado -La Libertad no es negociable- lo dediqué a LES y a lo que haría si se aprobaba:
Si la ley pasa el trámite parlamentario y entra en vigor, en las próximas elecciones no votaré a ningún partido que no defienda explícitamente la retirada de esta disposición de la ley y la vuelta a un régimen en el que los jueces sean los únicos garantes de los derechos y libertades de ciudadanos o empresas. No votaré a ningún partido que haya apoyado la puesta en marcha de esta ley, sea de las siglas que sea. Y pido a cualquiera que lea este artículo que haga lo mismo. Porque pocas cosas hay más innegociables en nuestra sociedad que la libertad, y no tenemos ningún instrumento más poderoso que la red para ejercerla.
No me gusta nada hablar de política, sobre todo porque la política moderna está al servicio de la división y el enfrentamiento. Pero lo que ha pasado con la Ley Sinde cierra un primer ciclo que el PP comenzó con la LSSI y que empieza a convertir la Red en el cortijo de políticos, intereses económicos miópicos y telecos. Al mismo tiempo que Wikileaks deja al descubierto las vergüenzas de la diplomacia internacional y que diversos regímenes dictatoriales caen, en cierta medida, gracias al poder instrumental de la Red, en España empiezan a tomarnos -a los ciudadanos- por el pito del sereno.
El movimiento #nolesvotes puede ser el comienzo de una insurrección que empiece a destapar la podredumbre de la política española. O quedarse en agua de borrajas (que es lo que suele pasar con estas cosas). Me importa bastante poco, tiene mi apoyo hasta donde llegue. Yo en mayo no votaré ni a PSOE ni a PP, pero votaré, probablemente a quien más pueda hacerles daño (y francamente, ahora mismo me importa muy poco cuales sean las siglas que tenga ese partido). Porque ya está bien de que nos tomen por mamarrachos.




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